‘Hay miles y miles de muertos en el parking del centro comercial Bonaire’. Seguro que tú también leíste esta noticia acompañada de fotografías apocalípticas y audios angustiosos durante la dana que azotó Valencia el pasado año. Ni se estaban ocultando muertos, ni había personas que se hubieran ahogado allí dentro. Sin embargo, un año después, hay quien lo duda. Este podría ser el mejor ejemplo cuando hablamos de deepfakes. Este término, que se refiere a vídeos, audios o imágenes generados o manipulados con inteligencia artificial para que parezcan reales, aunque no lo sean, será una de las tendencias que utilizarán los ciberdelincuentes en 2026, según señalan los expertos.
De hecho, el próximo ejercicio promete ser un punto de inflexión en el uso de la IA por parte de los atacantes, tal como señala un estudio de ISACA. Más de la mitad de los profesionales europeos de TI y ciberseguridad (51%) temen que este tipo de amenazas sean las que más les ‘’quiten el sueño’’. Además de las amenazas impulsadas por la IA, también es necesario prepararse para vulnerabilidades de la cadena de suministro y más en un contexto en el que, cada vez más organizaciones dependen de proveedores externos y software de terceros, cosa que aumenta los puntos de entrada de ataques. Supondrá una gran dificultad que detectar y responder a una brecha de seguridad.
Otro de los problemas a los que se enfrenta la ciberseguridad de cara al próximo año son los ataques de ingeniería social impulsada por la IA, es decir, técnicas que usan los ciberdelincuentes para engañar a las personas y hacer que estas revelen información confidencial (como contraseñas, datos bancarios o acceso a sistemas) ya que estos ataques cada vez son más sofisticados, personalizados y difíciles de detectar. De esta forma, los ciberdelincuentes recurrirán de forma habitual a la inteligencia artificial generativa multimodal para crear suplantaciones realistas y aprovechar para lanzar ataques de phishing o vishing más profesionales.
Asimismo, Europa deberá prepararse en 2026 para un aumento de los ciberataques contra infraestructuras básicas, como ha venido sucediendo durante los últimos meses de este año: Iberia sufrió un ciberataque hace apenas un mes que comprometió los datos de sus clientes, tal como ocurrió en distintos aeropuertos europeos en septiembre -Berlín, Bruselas y Londres-Heathrow- y en el que las autoridades se vieron obligadas a cancelar centenares de vuelos. También sucedió, a menor escala, en el Ayuntamiento de Elche, que tardó cerca de dos meses en recuperar la normalidad como consecuencia de un ciberincidente sufrido contra sus sistemas municipales. La energía, los transportes o las redes digitales prometen ser los puntos clave de los ciberdeliencuentes.
Estos ciberasaltos, combinados con campañas de desinformación destinadas a minar la confianza pública serán las tendencias más socorridoas entre los hackers, según documentan los ‘Pronósticos de ciberseguridad para 2026’. El objetivo está claro: desdibujar la frontera entre lo físico y lo digital para manipular la percepción pública y la confianza y obtener ventajas estratégicas y de inteligencia. De esta forma, Europa debe ir ‘’más allá’’ de la defensa cibernética tradicional para contrarrestar esta escalada de guerra híbrida.
No obstante, es importante que el pesimismo no se apodere del ánimo general. Así como la inteligencia artificial servirá para mejorar los ataques de los ciberdelincuentes, también será útil para que los equipos refuercen sus ciberdefensas. Gracias a su evolución, los sistemas serán cada vez más precisos en la detección temprana de amenazas, lo que permitirá prevenirlas y neutralizarlas con mayor eficacia. Asimismo, la automatización de tareas favorecerá una mejor protección de los datos en las plataformas tecnológicas, impulsará análisis de riesgos más completos basados en IA y perfeccionará los mecanismos de verificación de usuarios, facilitando la distinción entre comportamientos legítimos y actividades maliciosas. En definitiva, 2026 marcará un punto de inflexión: los ciberataques serán más sofisticados y difíciles de detectar, pero las defensas también alcanzarán un nuevo nivel de inteligencia y resiliencia.


